La lección que tardé años en internalizar: en 2011 vi a Bitcoin caer de 30 dólares a 2 dólares y creí que estaba muerto. En 2017 vi subir a 19,000 y creí que era el fin. En 2022 vi caer a 16,000 y finalmente entendí que los ciclos no son fracasos sino respiraciones del mercado. La paciencia no es pasividad, es el acto más radical en un ecosistema diseñado para la impaciencia.